No ha habido método ni argucia que no emplease Estados Unidos por barrer el "mal ejemplo" que ondea en los mares de la conciencia colectiva de los pobres y oprimidos del planeta. Del sabotaje, al terrorismo o la invasión armada, vivió la Isla donde se rompieron todos los dogmas de las izquierdas y las trapacerías manipuladoras.
A cada golpe, un contragolpe, una escapada airosa y risueña, envuelta en una originalidad aún no bien comprendida por muchos teóricos de fila o de pacotilla. El empuje popular se dio líderes de leyendas epopéyicas que transitan la cosmogonía de los pueblos de Nuestra América y otros más. "Un Fidel que vibra en la montaña" y un "Che, comandante, amigo" los resumirían a todos.
De victoria en victoria puede contar la gente cubana el devenir desde 1959. La obra es tan humana que se tejió y bordó con la rectificación de errores propios del quehacer humano. Y siempre, como dejó lapidario Lezama Lima, "llevamos un tesoro en un vaso de barro" y de barro humano se ensució el ímpetu, parafraseando a Galeano.
El año 2020 es el sumun: pandemia mundial y una persecución enfermiza a todo lo que signifique bienestar ciudadano. El mundo volvió a sorprenderse de que no cayera el proyecto y todavía no alcanzan a comprender cómo se produjo que se controlara la enfermedad, se ayudara a otros, incluidos ricos de Europa y se aliste la vacunación con inmunización propia, ya en el 2021.
“Del Norte revuelto y brutal que nos desprecia” llegó el odio empaquetado en las novedades de estos tiempos, pero el lagarto que sabe zigzaguear o enfurecerse si hace falta, saltó al monte, saltó a lo suyo por caminos de aprendizajes y astucias legítimas.
Se va el 2020 crecemos, la Isla vive, y cantamos victoria. Victoria como la estética de una Revolución que se revoluciona y pervive para bien de su gente y la Cuba mejor de la respuesta buena y del vivir sustentable, que apasiona.
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