Viejas mentiras contra Cuba

Arthur González.─ Si en Cuba hubiese un gobierno neoliberal, bajo los principios del capitalismo, Amnistía Internacional, otras organizaciones similares y ni la misma Elena Larrinaga, miembro del Parlamento europeo y presidenta del fabricado Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), llevarían a cabo las campañas difamatorias contra la Revolución, porque el meollo del tema -que no reconocen- es que no aceptan el socialismo.

Ninguna de esas instituciones ha podido demostrar que en Cuba desaparecen personas como en México, Honduras, Salvador o Guatemala, ni se asesinan a periodistas y menos aún se producen golpizas brutales con el empleo de gases lacrimógenos contra los trabajadores, como si sucede en esos países y hasta en la propia España, donde reside desde que emigró de Cuba la europarlamentaria Larrinaga.

En Cuba el pueblo no sale a las calles a exigir trabajo, mejoras en la salud o la educación, como sucede a diario en muchos países del mundo. Sin embargo, la contienda diseñada para engañar sobre falsas represiones e inventadas detenciones arbitrarias, se mantiene en titulares de periódicos y sitios digitales.

Así ha sucedido con el caso del asalariado de Miami, Danilo Maldonado, auto apodado “El Sexto”, seudo artista que no puede mostrar obra alguna, ni jamás ha realizado una exposición personal o colectiva, pero por sumarse a los elementos financiados por Washington en sus ataques contra la Revolución, le han construido una imagen publicitaria debido a su acción de pintar en la piel de un puerco, frases ofensivas contra el Presidente Raúl Castro, y sus burlas contra el líder Fidel Castro, mientras el pueblo le rendía tributo por su muerte.

Realmente causa lástima ver a personas educadas e inteligentes, vinculadas a elementos que, de ser ciudadanos de otro país, jamás los dejarían acercársele por carecer de educación y prestigio, pero al ser “opositores” cubanos financiados por Estados Unidos, hasta posan para fotos, sin tomar en consideración los antecedentes penales o del consumo de cocaína.

Para hablar de derechos humanos la europarlamentaria debería saber que, en Cuba desde 1959, se les dieron derechos a todos los cubanos por igual, sin distinción de raza o posición económica, siendo una de las causas por la cual su familia salió del país.

Elena parece haber perdido la memoria, unido al odio personal que le nublan el entendimiento, pero vale la pena recordarle que Cuba es el único país de Latinoamérica que cuenta con el 99 % de su pueblo alfabetizado, donde el acceso a la educación es totalmente gratuito hasta la universidad y eso es derecho humano básico que pocos tienen en el mundo.

Es el lugar donde los servicios de Salud no se pagan, incluidos los trasplantes de riñón, corazón-pulmón o hígado, algo que los españoles no disfrutan, y eso si es un derecho humano.

La señora Larrinaga debe tener presente que, en la Cuba de 1958, donde su familia poseía negocios textiles, existía una tiranía apoyada por Estados Unidos que asesinaba a todo el que tuviera ideas libertarias; se torturaban a diario cientos de jóvenes para que declararan sus actividades revolucionarias o denunciaran a sus compañeros y eso si eran violaciones a los derechos humanos, algo que ella y sus aliados nunca mencionan.

En los campos de Cuba, los campesinos vivían en bohíos hechos con tablas y hojas de palma, pisos de tierra, sin luz eléctrica, ni servicios de salud, educación, cultura, deporte, y ausentes de un acre de tierra para cultivarla. Ese panorama cambió gracias al socialismo que ella odia.

Pudiera Elena Larrinaga y el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, exponer qué derechos civiles tenía el pueblo cubano durante la tiranía del dictador Fulgencio Batista, quien llegó al poder mediante un golpe de estado militar y auto ascendido de sargento a General.

Todo el que viaja a Cuba se percata de la fabricación de la supuesta represión, esa que solo ven los asalariados de Washington y algunos aliados europeos.

En Cuba están acreditadas más de 134 embajadas de gobiernos extranjeros que no constatan esa “represión”, la Iglesia Católica, aliada natural ideológica contra el sistema socialista, nunca habla sobre ese tema, porque mentir es un pecado capital.

La prensa extranjera radicada en la Isla no puede publicar una sola palabra de lo que no comprueba, y por eso no apoyan las falsedades que desde Miami o Europa se dicen de Cuba.

Para cualquier persona, con inteligencia promedio, sabe que, si fuera cierta esa represión, el propio pueblo cubano no la soportaría, pues por tradición se ha enfrentado a tiranos crueles, y desde 1959 lo que hace es apoyar el socialismo, lo que quedó demostrado una vez más en las masivas concentraciones y marchas durante los funerales del Comandante Fidel Castro, el pasado mes de diciembre.

Quizás con la intención y el deseo de que el nuevo presidente de Estados Unidos eche por tierra las decisiones de Barack Obama hacia Cuba, desde hace semanas los enemigos de la Revolución han desplegado una fuerte campaña de prensa para hacerle creer a los incautos que existe una ola de represión, pintando un infierno en una isla que solo ofrece alegría y cariño a sus visitantes.

Pero de la verdadera represión policial con salvajes golpizas y arrestos arbitrarios, como los constatados durante las protestas del pueblo estadounidense durante la toma de posición del presidente Donald Trump, no dicen una sola palabra.

Aún está por ver a quien del pueblo mexicano, hondureño, español o puertorriqueño le otorgan el Premio Internacional Vlacav Havel, o el Andrei Sajarov por sus luchas en favor de los desposeídos, lo que demuestra la falta de veracidad del interés por defender los derechos de los pueblos que carecen de derechos para la vida, situación de la que tampoco habla la parlamentaria alemana Ulla Schmidt, quien se hace llamar “madrina” del grafitero monotemático, Maldonado.

Extrañamente ni la española nacida en La Habana Elena Larrinaga, ni la alemana Ulla Schmidt, salen en defensa del pueblo palestino donde Israel pisotea a diario los derechos humanos, situación que refleja la hipocresía de ambas parlamentarias y la verdadera motivación que tienen y es la de seguir instrucciones de Estados Unidos que no soporta ni tolera que Cuba haya decidido construir una sociedad más justa y equitativa que la heredada del pasado capitalista.

Fuente: El Heraldo Cubano