La misma guerra mediática de Cuba a Siria [+ video]

El equipo de filmación que encabeza Lars Klevberg,
y que construyó esta falacia.
Millones de personas vieron el video. Centenares de medios lo convirtieron en noticia: “Un dramático video difundido por los rebeldes sirios que luchan contra el régimen de Bashar al Asad” –leemos en un diario- muestra cómo un menor rescata a su hermana. (...) “El pequeño logró ponerla a salvo –leemos en otro- después de que un francotirador (del Gobierno) le disparara por la espalda”. (...) Las organizaciones humanitarias –completa otro diario- denuncian que 11.000 niños han muerto en el conflicto civil en Siria”.

Pues bien. El vídeo es un montaje. El niño es un actor. Y se grabó en Malta, en las localizaciones utilizadas para películas como Troya y Gladiator, dice el destacado periodista cubano Hugo Ríus (Virus del terrorismo mediático), adaptado por CubainformaciónTv.
Su autor, el cineasta noruego Lars Klevberg, lo realizó con dinero del Instituto Fílmico Noruego y del Consejo de las Artes de Noruega. Su objetivo –dice- fue llamar la atención sobre la situación de la infancia en Siria.

Como era de esperar, durante días el video sirvió para seguir demonizando al Gobierno sirio, único culpable de las atrocidades contra la población civil: el argumento habitual de los grandes medios occidentales, cuya fuente informativa es el llamado Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, un centro opositor financiado –curiosamente- por la Unión Europea.

Este Observatorio ha utilizado no uno, sino decenas de videos de ataques armados a civiles, siempre apuntando al mismo culpable: el Ejército Nacional Sirio. Uno de los más sonados fue el de un ataque químico que, inmediatamente, se convirtió en argumento del Gobierno de EEUU para anunciar una intervención militar, parada solo por la diplomacia rusa. Meses después se probó que fue la oposición siria la autora del ataque. Pero esto ya... no fue noticia.

Es la misma guerra mediática que sufre a diario Cuba... pero en el caso de Siria con decorados, atrezzo y hasta subvenciones a la cultura. La creatividad, una vez más, puesta al servicio de la guerra atizada y financiada desde las cavernas imperiales.

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