Del plattismo ante la visita del Papa a Cuba

Ocupantes de la iglesia habanera a disposición del tema y la agenda mediática totalitaria
Jorge Ángel Hernández.- Asegura el intelectual cubano Fernando Martínez Heredia en una reciente conferencia que, “Un aspecto importante del dominio ideológico totalitario imperialista sobre la mayor parte de la información y la formación de opinión pública que se consume cotidianamente es la decisión de cuáles temas existen y se divulgan, cuáles son sus datos, cómo se deben entender y qué opinión debe tener la gran mayoría, que es reducida a un público consumidor.”

Así, más no faltaba, se está comportando la totalitaria maquinaria injerencista del plattismo cubano en relación con la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba. Y lo ha hecho no solo a favor del patrón de dominio de la información, sino a contracorriente de la propia conducta de la Iglesia católica cubana.

Lo primero que han intentado es lo más típico: generar la idea de que existe un clima de caos popular, con protestas y represiones policiales. La invasión de una iglesia habanera por trece personas que portaban un documento, es una muestra de un mal plan, para nada práctico, de ese modus operandi. La respuesta de la jerarquía eclesiástica fue inmediata y positiva, es decir, les prometieron que su carta sería entregada al Papa. ¿Por qué insistieron entonces en quedarse? Sus acusaciones no estaban centradas en persecuciones, o amenazas de muerte, que es el motivo que lleva a los refugiados a estacionarse en los templos. Se trata de posturas políticas diversas de las que sostiene la inmensa mayoría de la población cubana, de percepciones de la realidad cubana que responden a los patrones totalitarios de los monopolios de la información. No es de extrañar, por tanto, que se les reclamara abandonar el ocupado Santuario Diocesano y Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad, en La Habana, y se les instara a renunciar a usar a la Iglesia como canal de sus demandas políticas.

Esto, desde luego, ha alterado los nervios de los plattistas convencionales instalados en EEUU, España y otros sitios del mundo, quienes, anclados en viejos y vencidos esquemas de Guerra Fría, esperaban una complicidad impune de la Iglesia católica cubana. Quién quita que hasta una especie de invasión militar continuada, toda vez que los propagandistas internos la solicitasen. De ahí la sarta de acusaciones y ofensas vertidas contra el Cardenal Ortega y Alamino y, desde luego, la insistencia en convertir la calma salida de los ocupantes en un acto de represión brutal de la policía cubana. Una vez más a partir del cuento transmitido por algunos sin siquiera un elemento probatorio. E ignorando la declaración del propio vocero de la Iglesia católica acerca de las verdaderas consecuencias del procedimiento.

Se trata, sin embargo, de una oportunidad única para usurpar la fuerza mayor del Vaticano y suplantarla a favor de sus propios intentos subversivos, de su injerencismo, así que no es cosa de preocuparse por deslices que tantas veces se repiten, pues, a fin de cuentas, los monopolios mediáticos deciden los temas y su tratamiento informativo al tiempo que controlan, agreden o silencian cualquier postura alternativa. Desde el agente Oppenheimer, quien en su Informe al uso solo se recuerda como “corresponsal” en América Latina, hasta el poeta Raúl Rivero, devenido campana mediática de maniqueos escarceos humorísticos, se duelen del diálogo Iglesia-Estado y apuestan apenas al milagro de la construcción de la realidad mediática.

Incluso, las declaraciones del Papa B-XVI a la agencia de noticias Reuters, agresivas con el sistema elegido por los cubanos, aun cuando sean repetidas en su Homilía pública, no decidirán el curso de la política cubana. Se podría acotar que más anquilosadas son ciertas prácticas de celibato, prohibición de abortos, matrimonios diversos, y divorcios y hasta no pocas excomulgaciones que se mantienen como pilares del catolicismo aun en el presente del siglo XXI y sin asomo de transformación. Se trata, pues, de un diálogo Iglesia-Estado, y no de una idílica correspondencia de opiniones. Pero molesta al plattismo, justamente, que la postura oficial cubana se centre en el respeto y evada responder a la provocación. Y, mucho más, que la postura oficial de la Iglesia católica no sea la misma que a inicios del proceso revolucionario, pues son ellos los que en verdad se perjudican con el flujo de buenas relaciones. Y mucho más, desde luego, que ante las declaraciones politizadas de B-XVI, las de la jerarquía católica cubana se presenten como menos papistas que el Papa.

El problema de preservar las conquistas del socialismo, con toda la Historia que el lugar común connota y no con su timbre de consigna, y la misión de actualizar el modelo y demostrar su validez y vigencia, compete a los cubanos que aquí dentro luchamos diariamente, tanto contra la corrupción y las desviaciones internas, consideradas el “principal enemigo” por el propio Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Rául Castro, como contra una contrarrevolución entreguista que se emplea a destajo como mano de obra disidente, aprovechando no precisamente un clima político, inexistente e imposible, sino una lenta recuperación del valor del salario, sobre el que actúa cínicamente el presupuesto del Departamento del Tesoro estadounidense y su anquilosado bloqueo. Alienados del más mínimo proyecto individual, paradójicamente en nombre de la individualidad, y de la más mínima libertad ideológica, también en nombre de una falsa desideologización, la subversión plattista cubana demuestra que depende, total y absolutamente, de fuerzas de injerencia e invasión, para intentar siquiera imponer en Cuba sus propósitos. Y que no pueden apostar, hagan lo que hagan, por la opinión popular. He ahí un verdadero fracaso, una estrategia vencida y sin futuro.

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